Conviví, bebí, comí, reí, tomé fotos, me tomé fotos y después de andar en familia migré a horas de la madrugada a casa de Jeanette, donde quedé felizmente muerto, en sí, una buena noche. Al despertar mi botella de $89.00 pesos seguía en pie y el Papa había caído. Que buen final.
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