La calle ya no es nuestra, múltiples urbanizaciones privadas se encuentran apoderándose de ella, un sistema de viviendas en el que se estandariza un estilo de vida propio de un conjunto poblacional con cierto status, deformando y delimitando a través de un muro no sólo el territorio, sino la mentalidad de quienes lo habitan.
Dividir es un aspecto que se encuentra en la naturaleza del hombre, una habilidad que lleva a la reflexión y comprensión de lo que ha se ha de-compuesto, no obstante, dentro del collage urbano esa denotación se utilizaría para resaltar principalmente lo que un habitante no es, lo que quiere ser y lo que éste es en realidad.
Parámetros a valorar como la seguridad es con lo que se juega primordialmente dentro de estas zonas, puesto que ofertan a sus inquilinos un refugio, alterando emocionalmente al individuo, una especie de esquizofrenia colectiva en el que se aprecia como sano el vivir encerrado y se expone al exterior, con ello a la sociedad en general, como un peligro constante capaz de destruir su orden.
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